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¿QUÉ TIENE QUE VER EL CAFÉ CON EL CICLISMO DE MONTAÑA?

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¿QUÉ TIENE QUE VER EL CAFÉ CON EL CICLISMO DE MONTAÑA?

5:28 A.M.

La alarma del viejo reloj gris suena tan duro como cuando el viento frío y cortante que baja del viejo Nevado choca contra las hojas de los cafetales que descansan en el corazón verde de Colombia, o al menos eso es lo que parece un domingo por la mañana cuando la alarma se dispara con un aviso que te grita “hora de pedalear” y el sol ni siquiera tiene pinta de asomarse por la cima de la Central de los Andes. Tienes entre 32 y 47 minutos para echarte agua en la cara, tomar un pocillo de agua-panela caliente y agarrar la bicicleta antes de salir echando madres por la madrugada tan brava y para ir a reunirte con tu grupo de montada para poder terminar de planear un día lleno de caminos, trochas, ríos, y barro.

Allá en ese “round point” frente a esa vieja locomotora que está fuera de servicio están tus buenos amigos, los que no trasnochan y a los que el único guayabo que les da es perderse una válida de la Copa del Mundo de MTB XCO o no ver en vivo los “overtaking” de Rossi sobre Márquez en el mundial de MotoGp.

Una ojeada rápida por la ventana te deja percibir la helada niebla que ha invadido sin previo aviso la mañana. Helada niebla. 6:25 A.M. Quizás podrías evitarlo y volver a la cama. Tus pensamientos te engañan y el calor de casa se burla de ti mientras te pones la “waterproof” azul. Además te llegan mensajes, suena el celular, sinónimo de que ya los otros “riders” van camino a la vieja locomotora. Tu dialogo interno empieza a consumir calorías, y eso que aún no has encendido el pistón de la vieja 26”.

Pero… casi lo olvidas ¿?

CAFÉ!

Una de las lecciones aprendidas en la Escuela de la Vida y también después de muchos pedalazos por el camino, es que nunca se toman decisiones (por lo menos buenas) hasta después de la primera taza de café por la mañana.

Por fortuna la noche anterior habías recargado el viejo tarro verde que heredaste de tu abuela con la librita de café molido que tu mamá había comprado en el último mercado. Lo tenías planeado. Café, agua y el viejo colador de tela que aún conservas porque te recuerda al Don Eduardo sentado en su viejo Suzuki rojo con carpa negra y sorbiendo el tinto colado que siempre le ofrecía la tía Mery para que se terminara de fumar el “pucho”. Te vas para la cocina caminando a pie limpio para no despertar a nadie, pones a calentar agua, preparas la medida y tratas de acomodar en ese viejo soporte blanco el colador que por cierto ya tiene el alambre muy torcido. Mientras el agua hierve, revisas tus últimos entrenamientos en la app de símbolo naranja de tu celular, y por último deslizas tu dedo por la pantalla para chequear el último “news feed”, sonríes cuando ves la “social media” de Purito Rodríguez tirándole vainazos a Hermida porque va a correr la Cape Epic en “una doble” después de que le había dicho que no era para nada una competencia técnica. Apagas el fogón y cierras la llave amarilla de gas, revisas si quedó bien ajustada, piensas que a veces te pasas y que eres un obsesivo compulsivo con ese cuentico de revisar más de dos veces si las puertas de la casa y de la nevera quedaron bien cerradas. Primero le echas un poco de agua al colador porque así lo hacían en la finca de tu abuelo en la vereda del Alto Coloradas, después agregas las dos medidas de café calculando que es para una sola taza, te gusta bien fuerte el sabor porque la jornada lo amerita y tu sangre te lo pide, agarras con la mano derecha la olleta negra con el agua caliente, mientras que la izquierda busca la taza de esmalte blanco que habías comprado en la ferretería del parque de ese pueblito que tanto te gusta. La helada niebla se transformaba en múltiples aromas, pues aciertas con que vas a probar un muy buen café, no te atreviste a echarle azúcar porque recordaste que allá en la finca de don Elías te lo recomendaron, y allá sí que saben del tema. Con cuidado levantas a tus labios la taza con el tinto, mientras las primeras trazas de café en tu lengua activan las endorfinas y todos tus sentidos confirmándote que te volviste un adicto a esta bebida.

Va a ser un día épico en el camino, lo sabes, lo meditas mientras tu diálogo interior se vuelve un poco optimista una vez el café empieza a hacer efecto en tu sistema, es más olvidaste que allá afuera aún hace frío.

¿Cuántas veces el café ha sido el factor decisivo entre un día allá afuera en la montaña o dormir un par de horas extra y luego lamentar que no saliste en tu bici? Es por eso que el café va tan bien con el ciclismo de montaña. El café es el combustible que activa tu mente y cuerpo, es lo que te hace estar vivo, activo y lo que hace que tu cuerpo funcione al 100% (hasta esos lunes por la mañana), pero más allá de eso, el café es mucho más que una sacudida utilitaria de energía. En realidad sabe muy bien.

¿Pero cuán importante es el café para el ciclismo de montaña?

Es importante porque es indispensable para los ciclistas de montaña. De la misma manera que algunos “riders” les encanta tomar una cerveza después de una forzada de más de 5 horas con el sol a tope.

Tomar café se convirtió en algo intrínsecamente social, además de que éste nos ayuda a despertar y reunir nuestras facultades al subir una montaña fuera de categoría o al descender estas mismas a velocidades insanas.

La próxima vez vayas a salir a disfrutar de una buena ruta de bici de montaña, no olvides tener café en el ritual de preparación la noche anterior, mientras estés alistando la ropa, el casco, las zapatillas, mientras este revisando que la bicicleta esté lista para la “epic ride”, o chequeando el entrenamiento de más de 110 km de esos que se hacen llamar “atletas” no olvides dejar listo el colador o la cafetera en tu cocina para la mañana siguiente, recuerda que esto podría ser la diferencia entre pasar un excelente día adornado con los mejores paisajes o pulsando el botón “posponer alarma” de tu teléfono móvil.

6:45 A.M…

Hasta pronto y ya los sabes… nunca dejes de pedalear.

Saludos,
Mauro & @pedaling_coffee

Postdata: La imagen es cortesía de los ciclo-turistas Zack & Mia, en estos momentos viajan con sus bicicletas y alforjas por la región cafetera de Colombia. Quizás los veas por ahí en la vía pedaleando café. También los puedes “stalkear” en @theartofmoving.

Esta gente sí que sabe la conexión de un Café + una Montaña y una Bicicleta.